
“El secreto de la felicidad es hacer sólo aquello con lo que uno disfruta” G.G.M.
Para celebrarlo se han realizado en todo el mundo una serie bien merecida de homenajes, entrevistas, reportajes....todo. En fin, este blog no podía quedarse atrás, así que me sume a la felicidad colectiva.
............................................
Distintas ciudades del mundo rinden homenaje a García Márquez en su 80 cumpleaños
...................
Los 80 años lo encontraron a Gabriel García Márquez lejos de su Aracataca natal. El escritor colombiano amaneció su vivienda del barrio del Pedregal, una zona residencial del sur de la capital mexicana, confirmó su asistente. Su secretaria, Mónica Alonso, reveló que el autor iniciaba un viaje que concluirá en Colombia, donde asistirá a diversos homenajes. El autor de Cien años de soledad y premio Nobel de Literatura (1982), nació el 6 de marzo de 1927 en medio "de un aguacero torrencial fuera de estación", según cuenta el propio Gabo en sus memorias publicadas en 2002. Y agrega, con su humor característico, que durante el parto estuvo "a punto de ser estrangulado por el cordón umbilical", pues "la partera de la familia perdió el dominio de su arte". En este 2007 García Márquez no sólo celebra sus 80 años, también este año se cumplen 40 de la publicación de Cien años de soledad y 25 desde que obtuvo el Nobel. Publicó su primer cuento en 1947, cuando apenas era un provinciano estudiante de derecho; su primera novela, La Hojarasca, en 1955, ya convertido en periodista del diario colombiano El Espectador; y su obra cumbre Cien años de soledad en 1967, tras renunciar al trabajo de guionista cinematográfico en México. "La verdad que yo escribo, simplemente, porque me gusta contarles cosas a mis amigos", declaró García Márquez en 1968 en una entrevista. También dijo, en otro reportaje, que la única razón por la que lamenta morir es por no poder contar después esa historia.
..............
Fragmento de un reportaje tomado de: http://www.clarin.com/diario/2007/03/06/um/m-01375221.htm
....................
....................
BIOGRAFÍA
Nació en Aracataca, en el departamento de Magdalena en Colombia el domingo 6 de marzo de 1927, y no en 1928 como se creyó durante mucho tiempo, a las 9 de la mañana, según escribe en su Autobiografía Vivir para contarla. Hijo de Gabriel Eligio García y de Luisa Santiaga Márquez Iguarán. Fue criado por sus abuelos maternos, el coronel Nicolás Márquez y Tranquilina Iguarán, en Aracataca. Su infancia está bellamente relatada en sus memorias Vivir para Contarla En 1936 murió el coronel Nicolás Márquez, motivo que desplazó a Gabriel García Márquez a Sucre con sus padres, para meses después trasladarse a Barranquilla a estudiar. Cursó los primeros grados de secundaria en el Colegio San José desde 1940 para luego viajar a Zipaquirá a culminar su bachillerato en el Liceo Nacional con una beca, hasta 1946. En 1947, García Márquez se mudó a Bogotá con la intención de estudiar Derecho y Ciencias Políticas en la Universidad Nacional de Colombia (Bogotá), carrera de la que desertó.
Después del llamado "Bogotazo" en 1948, cruentos disturbios que se desataron el 9 de abril a causa del asesinato del líder popular Jorge Eliécer Gaitán, cuando se quemaron algunos de sus escritos en la pensión donde residía, decidió trasladarse a Cartagena de Indias y empezó a trabajar como reportero de El Universal. A finales de 1949 se traslada a Barranquilla para trabajar como columnista y reportero en El Heraldo. Por petición de Álvaro Mutis, García Márquez regresó a Bogotá en 1954, donde trabajó en El Espectador como reportero y crítico de cine. En 1958, tras una estancia en Europa, García Márquez regresó a América, instalándose en Venezuela.
En Barranquilla se casó con Mercedes Barcha, con la que pronto tendría dos hijos, Rodrigo (que nació en Bogotá en 1959) y Gonzalo (que nació en México tres años más tarde). En 1961 se instaló en Nueva York como corresponsal de Prensa Latina. Al recibir amenazas y críticas de la CIA [cita requerida] y de los exiliados cubanos, que no compartían el contenido de sus reportajes, decidió trasladarse a México.
En 1967 publicó su obra más aclamada, Cien años de soledad, historia que narra las vivencias de la familia Buendía en Macondo. La obra es considerada como un gran referente del Realismo mágico.
Desde 1975, García Márquez se radica entre México, Cartagena de Indias, La Habana y París. En 1982, le conceden el Premio Nobel de Literatura. Desde 1998 es presidente del Consejo Editorial y uno de los propietarios de la Revista Cambio. En 2002 publicó su autobiografía titulada Vivir para contarla.
Gabriel García Márquez es conocido mundialmente por la peculiaridad de la forma con la que trata sus obras, conocida como "realismo mágico" y que consiste en tratar hechos fantásticos desde el punto de vista de determinadas culturas que los consideran normales.
En 1994 funda con su hermano Jaime y con el abogado Jaime Abello, la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) con la que espera que los jóvenes periodistas puedan interactuar con maestros del oficio como Alma Guillermoprieto, Javier Darío Restrepo o Jon Lee Anderson, en busca de renovar sus vocaciones y aprender a hacer un mejor periodismo. García Márquez sigue siendo el presidente de la FNPI.
INCURSIÓN EN EL CINE
García Márquez ha desarrollado un interés particular por el cine; ya en su etapa juvenil en Barranquilla, conjuntamente con el pintor Enrique Grau, el escritor Álvaro Cepeda Samudio y el fotógrafo Nereo López, participa en la realización del cortometraje surrealista La langosta azul.
Posteriormente, en la década de los 1950s, estudia la carrera de cine en el Centro Experimentale Di Cinematografía de Cinecittà, en Roma, teniendo como condiscípulos al argentino Fernando Birri y al cubano Julio García Espinosa, que más tarde serían considerados fundadores del llamado Nuevo Cine Latinoamericano. Los tres personajes han declarado en reiteradas oportunidades el impacto que supuso para ellos ver la película Milagro en Milán, de Vittorio de Sica, así como también asistir al nacimiento del neorrealismo italiano, tendencia ésta que los hizo vislumbrar la posibilidad de realizar cine en América Latina siguiendo las mismas técnicas. Es preciso anotar que esta estancia en Roma sirvió para que el escritor aprendiera varios de los entresijos que comporta el quehacer cinematográfico, en tanto y cuanto compartió largas horas de trabajo en moviola al lado del realizador César Zabatini. Este particular afinó en García Márquez una precisión cinematográfica a la hora de narrar con imágenes, que más tarde usaría como parte de su trabajo en Ciudad de México.
Se tiene conocimiento de que muchas obras cinematográficas mexicanas de los años 1960s fueron escritas por García Márquez, quien al igual que muchos intelectuales de la época firmó los guiones con seudónimo. Memorables son, en todo caso, El gallo de oro (1964) de Roberto Gavaldón, y Tiempo de morir (1966) de Arturo Ripstein. La primera, basada en el cuento homónimo de Juan Rulfo, coescrita junto con el propio autor y el también escritor mexicano Carlos Fuentes, fue protagonizada por Ignacio López Tarso, Narciso Busquets y Lucha Villa, y fotografiada por el insigne Gabriel Figueroa. La segunda, western filmado inicialmente por Ripstein, tuvo su secuela casi 20 años más tarde bajo la tutela de Jorge Alí Triana. Rodrigo García ha anunciado una nueva versión cinematográfica del guión para el 2007.
Además de las tres películas citadas, entre 1965 y 1985 García Márquez participó directamente en los siguientes filmes: En este pueblo no hay ladrones (1965) de Alberto Isaac; Juego peligroso (segmento "HO") (1966) de Luis Alcoriza y Arturo Ripstein. Patsy mi amor 1968) de Manuel Michel; Presagio (1974) de Luis Alcoriza; La viuda de Montiel (1979) de Miguel Littín. María de mi corazón (1979) de Jaime Humberto Hermosillo; El año de la peste (1979) de Felipe Cazals (adaptación del libro de Daniel Defoe "El diario de la peste"; y Eréndira (1983) de Ruy Guerra.
En 1986, conjuntamente con sus dos condiscípulos del Centro Experimentale di Cinematografía, y apoyados por el Comité de Cineastas de América Latina, funda la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños, en Cuba, institución a la cual le dedicará tiempo y dinero de su propio bolsillo para apoyar y financiar la carrera de cine de jóvenes provenientes de América Latina, el Caribe, Asia y África. A partir del año siguiente en dicho centro se dedicará a impartir el taller Cómo se cuenta un cuento, fruto del cual salen innumerables proyectos audiovisuales, amén de varios libros sobre de dramaturgia.
En 1987 Frances Rosi dirige la adaptación de Crónica de una muerte anunciada, protagonizada por Rupert Everett, Ornella Mutti, Gian María Volonté, Irene Papas, Lucía Bosé y Anthony Delon. El título es unánimemente declarado una floja adaptación del cuento original.
En 1988 se producen y exhiben: Un señor muy viejo con unas alas enormes, de Fernando Birri, con Daisy Granados, Asdrúbal Meléndez y Luis Ramírez; Milagro en Roma, de Lisandro Duque Naranjo, con Frank Ramírez y Amalia Duque García; Fábula de la bella palomera de Ruy Guerra, con Claudia Ohana y Ney Latorraca; y Cartas del parque de Tomás Gutiérrez Alea, con Ivón López, Victor Laplace, Miguel Paneque y Mirta Ibarra.
En 1990 García Márquez, camino a Japón, hace una escala en Nueva York para conocer al director contemporáneo cuyos guiones más admira: Woody Allen. La razón de su viaje al país oriental es la de encontrarse con Akira Kurosawa, en ese momento rodando "Los sueños", interesado en llevar a la gran pantalla la historia de El otoño del patriarca, ambientado en el Japón medieval. La idea de Kurosawa es totalizadora, incrustar toda la novela en el celuloide sin importar el metraje; infortunadamente para esta idea no existe posibilidad de financiación y el proyecto queda en eso.
En 1991 la televisión colombiana produce María, la insigne novela de Jorge Isaacs, co-adaptada con Lisandro Duque Naranjo y Manuel Arias.
En 1996 se presenta Edipo Alcalde, adaptación de "Edipo Rey" de Sófocles hecha por García Márquez y Estela Malagón, dirigida por Jorge Alí Triana, y protagonizada por Jorge Perugorría, Angela Molina y Paco Rabal.
En 1999 Arturo Ripstein filma El coronel no tiene quien le escriba, protagonizado por Fernando Luján, Marisa Paredes, Salma Hayek y Rafael Inclán.
En 2001 aparece Los niños invisibles, de Lisandro Duque Naranjo.
En 2003 el Grupo Editorial Random House Mondadori [1] de Nueva York le ofrece los derechos para producir el guión cinematográfico sobre la novela Evita, la Loca de la Casa del narrador luxemburgués Daniel Herrendorf, que protagonizará Madonna bajo la dirección de James Ivory.
En 2006 se rueda [[El amor en los tiempos del cólera]], con guión del sudafricano Ron Harwood y bajo la batuta del director británico Mike Newell. Filmada en Cartagena de Indias, los personajes son encarnados por Javier Bardem, Giovanna Messogiorno, John Leguízamo, Catalina Sandino y Benjamín Bratt. Casi al mismo tiempo se habla de la inminente producción de Del amor y otros demonios, con la dirección de la costarricense Hilda Hildalgo; Memoria de mis putas tristes dirigida por el danés Henning Carlsen y una posible adaptación de El otoño del patriarca por el bosnio Emir Kusturica.
OBRAS
Después del llamado "Bogotazo" en 1948, cruentos disturbios que se desataron el 9 de abril a causa del asesinato del líder popular Jorge Eliécer Gaitán, cuando se quemaron algunos de sus escritos en la pensión donde residía, decidió trasladarse a Cartagena de Indias y empezó a trabajar como reportero de El Universal. A finales de 1949 se traslada a Barranquilla para trabajar como columnista y reportero en El Heraldo. Por petición de Álvaro Mutis, García Márquez regresó a Bogotá en 1954, donde trabajó en El Espectador como reportero y crítico de cine. En 1958, tras una estancia en Europa, García Márquez regresó a América, instalándose en Venezuela.
En Barranquilla se casó con Mercedes Barcha, con la que pronto tendría dos hijos, Rodrigo (que nació en Bogotá en 1959) y Gonzalo (que nació en México tres años más tarde). En 1961 se instaló en Nueva York como corresponsal de Prensa Latina. Al recibir amenazas y críticas de la CIA [cita requerida] y de los exiliados cubanos, que no compartían el contenido de sus reportajes, decidió trasladarse a México.
En 1967 publicó su obra más aclamada, Cien años de soledad, historia que narra las vivencias de la familia Buendía en Macondo. La obra es considerada como un gran referente del Realismo mágico.
Desde 1975, García Márquez se radica entre México, Cartagena de Indias, La Habana y París. En 1982, le conceden el Premio Nobel de Literatura. Desde 1998 es presidente del Consejo Editorial y uno de los propietarios de la Revista Cambio. En 2002 publicó su autobiografía titulada Vivir para contarla.
Gabriel García Márquez es conocido mundialmente por la peculiaridad de la forma con la que trata sus obras, conocida como "realismo mágico" y que consiste en tratar hechos fantásticos desde el punto de vista de determinadas culturas que los consideran normales.
En 1994 funda con su hermano Jaime y con el abogado Jaime Abello, la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) con la que espera que los jóvenes periodistas puedan interactuar con maestros del oficio como Alma Guillermoprieto, Javier Darío Restrepo o Jon Lee Anderson, en busca de renovar sus vocaciones y aprender a hacer un mejor periodismo. García Márquez sigue siendo el presidente de la FNPI.
INCURSIÓN EN EL CINE
García Márquez ha desarrollado un interés particular por el cine; ya en su etapa juvenil en Barranquilla, conjuntamente con el pintor Enrique Grau, el escritor Álvaro Cepeda Samudio y el fotógrafo Nereo López, participa en la realización del cortometraje surrealista La langosta azul.
Posteriormente, en la década de los 1950s, estudia la carrera de cine en el Centro Experimentale Di Cinematografía de Cinecittà, en Roma, teniendo como condiscípulos al argentino Fernando Birri y al cubano Julio García Espinosa, que más tarde serían considerados fundadores del llamado Nuevo Cine Latinoamericano. Los tres personajes han declarado en reiteradas oportunidades el impacto que supuso para ellos ver la película Milagro en Milán, de Vittorio de Sica, así como también asistir al nacimiento del neorrealismo italiano, tendencia ésta que los hizo vislumbrar la posibilidad de realizar cine en América Latina siguiendo las mismas técnicas. Es preciso anotar que esta estancia en Roma sirvió para que el escritor aprendiera varios de los entresijos que comporta el quehacer cinematográfico, en tanto y cuanto compartió largas horas de trabajo en moviola al lado del realizador César Zabatini. Este particular afinó en García Márquez una precisión cinematográfica a la hora de narrar con imágenes, que más tarde usaría como parte de su trabajo en Ciudad de México.
Se tiene conocimiento de que muchas obras cinematográficas mexicanas de los años 1960s fueron escritas por García Márquez, quien al igual que muchos intelectuales de la época firmó los guiones con seudónimo. Memorables son, en todo caso, El gallo de oro (1964) de Roberto Gavaldón, y Tiempo de morir (1966) de Arturo Ripstein. La primera, basada en el cuento homónimo de Juan Rulfo, coescrita junto con el propio autor y el también escritor mexicano Carlos Fuentes, fue protagonizada por Ignacio López Tarso, Narciso Busquets y Lucha Villa, y fotografiada por el insigne Gabriel Figueroa. La segunda, western filmado inicialmente por Ripstein, tuvo su secuela casi 20 años más tarde bajo la tutela de Jorge Alí Triana. Rodrigo García ha anunciado una nueva versión cinematográfica del guión para el 2007.
Además de las tres películas citadas, entre 1965 y 1985 García Márquez participó directamente en los siguientes filmes: En este pueblo no hay ladrones (1965) de Alberto Isaac; Juego peligroso (segmento "HO") (1966) de Luis Alcoriza y Arturo Ripstein. Patsy mi amor 1968) de Manuel Michel; Presagio (1974) de Luis Alcoriza; La viuda de Montiel (1979) de Miguel Littín. María de mi corazón (1979) de Jaime Humberto Hermosillo; El año de la peste (1979) de Felipe Cazals (adaptación del libro de Daniel Defoe "El diario de la peste"; y Eréndira (1983) de Ruy Guerra.
En 1986, conjuntamente con sus dos condiscípulos del Centro Experimentale di Cinematografía, y apoyados por el Comité de Cineastas de América Latina, funda la Escuela Internacional de Cine y Televisión de San Antonio de Los Baños, en Cuba, institución a la cual le dedicará tiempo y dinero de su propio bolsillo para apoyar y financiar la carrera de cine de jóvenes provenientes de América Latina, el Caribe, Asia y África. A partir del año siguiente en dicho centro se dedicará a impartir el taller Cómo se cuenta un cuento, fruto del cual salen innumerables proyectos audiovisuales, amén de varios libros sobre de dramaturgia.
En 1987 Frances Rosi dirige la adaptación de Crónica de una muerte anunciada, protagonizada por Rupert Everett, Ornella Mutti, Gian María Volonté, Irene Papas, Lucía Bosé y Anthony Delon. El título es unánimemente declarado una floja adaptación del cuento original.
En 1988 se producen y exhiben: Un señor muy viejo con unas alas enormes, de Fernando Birri, con Daisy Granados, Asdrúbal Meléndez y Luis Ramírez; Milagro en Roma, de Lisandro Duque Naranjo, con Frank Ramírez y Amalia Duque García; Fábula de la bella palomera de Ruy Guerra, con Claudia Ohana y Ney Latorraca; y Cartas del parque de Tomás Gutiérrez Alea, con Ivón López, Victor Laplace, Miguel Paneque y Mirta Ibarra.
En 1990 García Márquez, camino a Japón, hace una escala en Nueva York para conocer al director contemporáneo cuyos guiones más admira: Woody Allen. La razón de su viaje al país oriental es la de encontrarse con Akira Kurosawa, en ese momento rodando "Los sueños", interesado en llevar a la gran pantalla la historia de El otoño del patriarca, ambientado en el Japón medieval. La idea de Kurosawa es totalizadora, incrustar toda la novela en el celuloide sin importar el metraje; infortunadamente para esta idea no existe posibilidad de financiación y el proyecto queda en eso.
En 1991 la televisión colombiana produce María, la insigne novela de Jorge Isaacs, co-adaptada con Lisandro Duque Naranjo y Manuel Arias.
En 1996 se presenta Edipo Alcalde, adaptación de "Edipo Rey" de Sófocles hecha por García Márquez y Estela Malagón, dirigida por Jorge Alí Triana, y protagonizada por Jorge Perugorría, Angela Molina y Paco Rabal.
En 1999 Arturo Ripstein filma El coronel no tiene quien le escriba, protagonizado por Fernando Luján, Marisa Paredes, Salma Hayek y Rafael Inclán.
En 2001 aparece Los niños invisibles, de Lisandro Duque Naranjo.
En 2003 el Grupo Editorial Random House Mondadori [1] de Nueva York le ofrece los derechos para producir el guión cinematográfico sobre la novela Evita, la Loca de la Casa del narrador luxemburgués Daniel Herrendorf, que protagonizará Madonna bajo la dirección de James Ivory.
En 2006 se rueda [[El amor en los tiempos del cólera]], con guión del sudafricano Ron Harwood y bajo la batuta del director británico Mike Newell. Filmada en Cartagena de Indias, los personajes son encarnados por Javier Bardem, Giovanna Messogiorno, John Leguízamo, Catalina Sandino y Benjamín Bratt. Casi al mismo tiempo se habla de la inminente producción de Del amor y otros demonios, con la dirección de la costarricense Hilda Hildalgo; Memoria de mis putas tristes dirigida por el danés Henning Carlsen y una posible adaptación de El otoño del patriarca por el bosnio Emir Kusturica.
OBRAS
Relato de un náufrago, 1955.
Un día después del sábado, 1955
El coronel no tiene quien le escriba, 1961.
Los funerales de la Mamá Grande, 1962.
La mala hora, 1962.
Cien años de soledad, 1967.
Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo, 1968.
Relato de un náufrago, 1970.
La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y de su abuela desalmada, 1972.
Cuando era feliz e indocumentado, 1973.
Chile, el golpe y los gringos, 1974.
Ojos de perro azul, 1974.
El otoño del patriarca, 1975.
Todos los cuentos (1947-1972), 1976.
Crónica de una muerte anunciada, 1981.
Textos costeños, 1981.
Viva Sandino, 1982.
El olor de la guayaba, 1982.
El secuestro, 1982.
El asalto: el operativo con el que el FSLN se lanzó al mundo, 1983.
Erendira, 1983.
Diatriba de amor contra un hombre sentado, 1984
El amor en los tiempos del cólera, 1985
Las Aventuras de Miguel Littín Clandestino en Chile, 1986
El general en su laberinto, 1989.
Doce cuentos peregrinos, 1992.
Del amor y otros demonios, 1994.
Noticia de un secuestro, 1996.
Obra periodística 1: Textos costeños (1948-1952)
Obra periodística 2: Entre cachacos (1954-1955)
Obra periodística 3: De Europa y América (1955-1960)
Obra periodística 4: Por la libre (1974-1995)
Obra periodística 5: Notas de prensa (1980-1984)
Vivir para contarla, 2002.
Memoria de mis putas tristes, 2004.
PREMIOS Y RECONOCIMIENTOS RECIBIDOS
Premio de la Novela ESSO por "La mala hora" (1961)
Doctorado honoris causa de la Universidad de Columbia en Nueva York (1971)
Medalla de la legión de honor francés en París (1981)
Condecoración Águila Azteca en México (1982)
Premio Nobel de Literatura en Estocolmo (1982)
Premio cuarenta años del Círculo de Periodistas de Bogotá (1985)
Miembro honorario del Instituto Caro y Cuervo en Bogotá (1993)
Doctorado honoris causa de la Universidad de Cádiz (1994)
.................
...................
¡EL CUENTO DEL GABO QUE MÁS ME GUSTA!
EL AHOGADO MÁS HERMOSO DEL MUNDO
Los primeros niños que vieron el promontorio oscuro y sigiloso que se acercaba por el mar, se hicieron la ilusión de que era un barco enemigo. Después vieron que no llevaba banderas ni arboladura, y pensaron que fuera una ballena. Pero cuando quedó varado en la playa le quitaron los matorrales de sargazos, los filamentos de medusas y los restos de cardúmenes y naufragios que llevaba encima, y sólo entonces descubrieron que era un ahogado. Habían jugado con él toda la tarde, enterrándolo y desenterrándolo en la arena, cuando alguien los vio por casualidad y dio la voz de alarma en el pueblo. Los hombres que lo cargaron hasta la casa más próxima notaron que pesaba más que todos los muertos conocidos, casi tanto como un caballo, y se dijeron que tal vez había estado demasiado tiempo a la deriva y el agua se le había metido dentro de los huesos. Cuando lo tendieron en el suelo vieron que había sido mucho más grande que todos los hombres, pues apenas si cabía en la casa, pero pensaron que tal vez la facultad de seguir creciendo después de la muerte estaba en la naturaleza de ciertos ahogados. Tenía el olor del mar, y sólo la forma permitía suponer que era el cadáver de un ser humano, porque su piel estaba revestida de una coraza de rémora y de lodo. No tuvieron que limpiarle la cara para saber que era un muerto ajeno. El pueblo tenía apenas unas veinte casas de tablas, con patios de piedras sin flores, desperdigadas en el extremo de un cabo desértico. La tierra era tan escasa, que las madres andaban siempre con el temor de que el viento se llevara a los niños, y a los muertos que les iban causando los años tenían que tirarlos en los acantilados. Pero el mar era manso y pródigo, y todos los hombres cabían en siete botes. Así que cuando se encontraron el ahogado les bastó con mirarse los unos a los otros para darse cuenta de que estaban completos. Aquella noche no salieron a trabajar en el mar. Mientras los hombres averiguaban si no faltaba alguien en los pueblos vecinos, las mujeres se quedaron cuidando al ahogado. Le quitaron el lodo con tapones de esparto, le desenredaron del cabello los abrojos submarinos y le rasparon la rémora con fierros de desescamar pescados. A medida que lo hacían, notaron que su vegetación era de océanos remotos y de aguas profundas, y que sus ropas estaban en piitrafas, como si hubiera navegado por entre laberintos de corales. Notaron también que sobrellevaba la muerte con altivez, pues no tenía el semblante solitario de los otros ahogados del mar, ni tampoco la catadura sórdida y menesteroso de los ahogados fluviales. Pero solamente cuando acabaron de limpiarlo tuvieron conciencia de la clase de hombre que era, y entonces se quedaron sin aliento. No sólo era el más alto, el más fuerte, el más viril y el mejor armado que habían visto jamás, sino que todavía cuando lo estaban viendo no les cabía en la imaginación. No encontraron en el pueblo una cama bastante grande para tenderio ni una mesa bastante sólida para velarlo. No le vinieron los pantalones de fiesta de los hombres más altos, ni las camisas dominicales de los más corpulentos, ni los zapatos del mejor plantado. Fascinadas por su desproporción y su hermosura, las mujeres decidieron entonces hacerle unos pantalones con un pedazo de vela cangreja, y una camisa de bramante de novia, para que pudiera continuar su muerte con dignidad. Mientras cosían sentadas en círculo, contemplando el cadáver entre puntada y puntada, les parecía que el viento no había sido nunca tan tenaz ni el Caribe había estado nunca tan ansioso como aquella noche, y suponían que esos cambios tenían algo que ver con el muerto. Pensaban que si aquel hombre magnífico hubiera vivido en el pueblo, su casa habría tenido las puertas más anchas, el techo más alto y el piso más firme, y el bastidor de su cama habría sido de cuadernas maestras con pernos de hierro, y su mujer habría sido la más feliz. Pensaban que habría tenido tanta autoridad que hubiera sacado los peces del mar con sólo llamarlos por sus nombres, y habría puesto tanto empeño en el trabajo que hubiera hecho brotar manantiales de entre las piedras más áridas y hubiera podido sembrar flores en los acantilados. Lo compararon en secreto con sus propios hombres, pensando que no serían capaces de hacer en toda una vida lo que aquél era capaz de hacer en una noche, y terminaron por repudiarlos en el fondo de sus corazones como los seres más escuálidos y mezquinos de la tierra. Andaban extraviadas por esos dédalos de fantasía, cuando la más vieja de las mujeres, que por ser la más vieja había contemplado al ahogado con menos pasión que compasión, suspiró: —Tiene cara de llamarse Esteban. Era verdad. A la mayoría le bastó con mirarlo otra vez para comprender que no podía tener otro nombre. Las más porfiadas, que eran las más jovenes, se mantuvieron con la ilusión de que al ponerle la ropa, tendido entre flores y con unos zapatos de charol, pudiera llamarse Lautaro. Pero fue una ilusión vana. El lienzo resultó escaso, los pantalones mal cortados y peor cosidos le quedaron estrechos, y las fuerzas ocultas de su corazón hacían saltar los botones de la camisa. Después de la media noche se adelgazaron los silbidos del viento y el mar cayó en el sopor del miércoles. El silencio acabó con las últimas dudas: era Esteban. Las mujeres que lo habían vestido, las que lo habían peinado, las que le habían cortado las uñas y raspado la barba no pudieron reprimir un estremecimiento de compasión cuando tuvieron que resignarse a dejarlo tirado por los suelos. Fue entonces cuando comprendieron cuánto debió haber sido de infeliz con aquel cuerpo descomunal, si hasta después de muerto le estorbaba. Lo vieron condenado en vida a pasar de medio lado por las puertas, a descalabrarse con los travesaños, a permanecer de pie en las visitas sin saber qué hacer con sus tiernas y rosadas manos de buey de mar, mientras la dueña de casa buscaba la silla más resistente y le suplicaba muerta de miedo siéntese aquí Esteban, hágame el favor, y él recostado contra las paredes, sonriendo, no se preocupe señora, así estoy bien, con los talones en carne viva y las espaldas escaldadas de tanto repetir lo mismo en todas las visitas, no se preocupe señora, así estoy bien, sólo para no pasar vergüenza de desbaratar la silla, y acaso sin haber sabido nunca que quienes le decían no te vayas Esteban, espérate siquiera hasta que hierva el café, eran los mismos que después susurraban ya se fue el bobo grande, qué bueno, ya se fue el tonto hermoso. Esto pensaban las mujeres frente al cadáver un poco antes del amanecer. Más tarde, cuando le taparon la cara con un pañuelo para que no le molestara la luz, lo vieron tan muerto para siempre, tan indefenso, tan parecido a sus hombres, que se les abrieron las primeras grietas de lágrimas en el corazón. Fue una de las más jóvenes la que empezó a sollozar. Las otras, asentándose entre sí, pasaron de los suspiros a los lamentos, y mientras más sollozaban más deseos sentían de llorar, porque el ahogado se les iba volviendo cada vez más Esteban, hasta que lo lloraron tanto que fue el hombre más desvalido de la tierra, el más manso y el más servicial, el pobre Esteban. Así que cuando los hombres volvieron con la noticia de que el ahogado no era tampoco de los pueblos vecinos, ellas sintieron un vacío de júbilo entre las lágrimas. —¡Bendito sea Dios —suspiraron—: es nuestro! Los hombres creyeron que aquellos aspavientos no eran más que frivolidades de mujer. Cansados de las tortuosas averiguaciones de la noche, lo único que querían era quitarse de una vez el estorbo del intruso antes de que prendiera el sol bravo de aquel día árido y sin viento. Improvisaron unas angarillas con restos de trinquetes y botavaras, y las amarraron con carlingas de altura, para que resistieran el peso del cuerpo hasta los acantilados. Quisieron encadenarle a los tobillos un ancla de buque mercante para que fondeara sin tropiezos en los mares más profundos donde los peces son ciegos y los buzos se mueren de nostalgia, de manera que las malas corrientes no fueran a devolverlo a la orilla, como había sucedido con otros cuerpos. Pero mientras más se apresuraban, más cosas se les ocurrían a las mujeres para perder el tiempo. Andaban como gallinas asustadas picoteando amuletos de mar en los arcones, unas estorbando aquí porque querían ponerle al ahogado los escapularios del buen viento, otras estorbando allá para abrocharse una pulsera de orientación, y al cabo de tanto quítate de ahí mujer, ponte donde no estorbes, mira que casi me haces caer sobre el difunto, a los hombres se les subieron al hígado las suspicacias y empezaron a rezongar que con qué objeto tanta ferretería de altar mayor para un forastero, si por muchos estoperoles y calderetas que llevara encima se lo iban a masticar los tiburones, pero ellas seguían tripotando sus reliquias de pacotilla, llevando y trayendo, tropezando, mientras se les iba en suspiros lo que no se les iba en lágrimas, así que los hombres terminaron por despotricar que de cuándo acá semejante alboroto por un muerto al garete, un ahogado de nadie, un fiambre de mierda. Una de las mujeres, mortificada por tanta insolencia, le quitó entonces al cadáver el pañuelo de la cara, y también los hombres se quedaron sin aliento. Era Esteban. No hubo que repetirlo para que lo reconocieran. Si les hubieran dicho Sir Walter Raleigh, quizás, hasta ellos se habrían impresionado con su acento de gringo, con su guacamayo en el hombro, con su arcabuz de matar caníbales, pero Esteban solamente podía ser uno en el mundo, y allí estaba tirado como un sábalo, sin botines, con unos pantalones de sietemesino y esas uñas rocallosas que sólo podían cortarse a cuchillo. Bastó con que le quitaran el pañuelo de la cara para darse cuenta de que estaba avergonzado, de que no tenía la culpa de ser tan grande, ni tan pesado ni tan hermoso, y si hubiera sabido que aquello iba a suceder habría buscado un lugar más discreto para ahogarse, en serio, me hubiera amarrado yo mismo un áncora de galón en el cuello y hubiera trastabillado como quien no quiere la cosa en los acantilados, para no andar ahora estorbando con este muerto de miércoles, como ustedes dicen, para no molestar a nadie con esta porquería de fiambre que no tiene nada que ver conmigo. Había tanta verdad en su modo de estar, que hasta los hombres más suspicaces, los que sentían amargas las minuciosas noches del mar temiendo que sus mujeres se cansaran de soñar con ellos para soñar con los ahogados, hasta ésos, y otros más duros, se estremecieron en los tuétanos con la sinceridad de Esteban. Fue así como le hicieron los funerales más espléndidos que podían concebirse para un ahogado expósito. Algunas mujeres que habían ido a buscar flores en los pueblos vecinos regresaron con otras que no creían lo que les contaban, y éstas se fueron por más flores cuando vieron al muerto, y llevaron más y más, hasta que hubo tantas flores y tanta gente que apenas si se podía caminar. A última hora les dolió devolverlo huérfano a las aguas, y le eligieron un padre y una madre entre los mejores, y otros se le hicieron hermanos, tíos y primos, así que a través de él todos los habitantes del pueblo terminaron por ser parientes entre sí. Algunos marineros que oyeron el llanto a distancia perdieron la certeza del rumbo, y se supo de uno que se hizo amarrar al palo mayor, recordando antiguas fábulas de sirenas. Mientras se disputaban el privilegio de llevarlo en hombros por la pendiente escarpada de los acantilados, hombres y mujeres tuvieron conciencia por primera vez de la desolación de sus calles, la aridez de sus patios, la estrechez de sus sueños, frente al esplendor y la hermosura de su ahogado. Lo soltaron sin ancla, para que volviera si quería, y cuando lo quisiera, y todos retuvieron el aliento durante la fracción de siglos que demoró la caída del cuerpo hasta el abismo. No tuvieron necesidad de mirarse los unos a los otros para darse cuenta de que ya no estaban completos, ni volverían a estarlo jamás. Pero también sabían que todo sería diferente desde entonces, que sus casas iban a tener las puertas más anchas, los techos más altos, los pisos más firmes, para que el recuerdo de Esteban pudiera andar por todas partes sin tropezar con los travesaños, y que nadie se atreviera a susurrar en el futuro ya murió el bobo grande, qué lástima, ya murió el tonto hermoso, porque ellos iban a pintar las fachadas de colores alegres para eternizar la memoria de Esteban, y se iban a romper el espinazo excavando manantiales en las piedras y sembrando flores en los acantilados, para que los amaneceres de los años venturos los pasajeros de los grandes barcos despertaran sofocados por un olor de jardines en altamar, y el capitán tuviera que bajar de su alcázar con su uniforme de gala, con su astrolabio, su estrella polar y su ristra de medallas de guerra, y señalando el promontorio de rosas en el horizonte del Caribe dijera en catorce idiomas: miren allá, donde el viento es ahora tan manso que se queda a dormir debajo de las camas, allá, donde el sol brilla tanto que no saben hacia dónde girar los girasoles, sí, allá, es el pueblo de Esteban.

0 comentarios:
Publicar un comentario