2.11.07

¡Alessandro Baricco!

"La escritura es un ejercicio solitario. Tanto, que puede llevar hacia la locura."
A.B.

Nacido en Turín el 25 de enero de 1958, novelista, dramaturgo y periodista italiano.

Licenciado en Filosofía, dirigió un programa de libros y fundó además una escuela de escritura a la que le dio el nombre de Holden, como el protagonista de la novela El guardián entre el centeno, de J. D Salinger.
Es un escritor que detesta conceder entrevistas, al extremo de enclaustrarse en Internet a la hora de promocionar uno de sus libros, City. (Cabe destacar que Salinger tuvo una actitud similar, aunque aun más extrema)
Baricco se convirtió en un fenómeno literario mundial con la publicación de la novela Seda en 1996, traducido a diecisiete idiomas. Sólo en España ya ha superado las 40 ediciones.
También ha trabajado en la televisión. En 1993 presentó el programa L'amore è un dardo, dedicado a la lírica. En 1994 fue el ideador y presentador de un programa dedicado a la literatura denominado Pickwick, en el cual se trataban tanto la lectura como la escritura, junto con la periodista Giovanna Zucconi. Fue tras estas experiencias televisivas cuando fundó, junto con otros asociados, el taller literario Holden en Turín en 1994.
En 2003 colaboró con el dúo francés de música electrónica Air en el disco "City Reading (Tre Storie Western)", en el que lee fragmentos de su obra City.
La novelas de Baricco oscilan siempre entre lo real y lo onírico. El estilo se caracteriza por una concepción personal del ritmo narrativo y sobre todo de una cierta idea de la estética, sirviéndose para ello de la experimentación de variados giros y registros.
En la temática, Baricco se sirve de entornos irreales y personajes forzosamente imposibles, cuyo denomidador común en última instancia es la incesante búsqueda y consecución de deseos y sueños para, paradójicamente, explorar y revelar a través de ellos con toda su crudeza los rinconces del alma humana.
Para sus críticos, demasiado celoso de la forma e insoportablemente naïf, para sus seguidores, un genio del estilo y la temática, el autor en cualquier caso, ha desarrollado un estilo muy personal que lo sitúa entre los escritores italianos de relevancia dentro de su generación.

OBRAS
Tierras de cristal (Premio Selezione Campiello y Prix Médicis Étranger, 1991).
Océano mar (Premio Viareggio, 1993).
Seda (1996).
City (1999).
Sin sangre (2003).
Noveccento. Un monólogo (1994)
Davila Roa, texto teatral puesto en escena por Luca Ronconi en el 1996 (no publicado).
Partita Spagnola, Audino Editore 2003 (sin traducción al Español).
Homero, Iliada (2004)
Esta historia (2007).
Il genio in fuga. Sul teatro musicale di Rossini, Il Melangolo 1988 - Einaudi 1997 (no editado en Español).
Next (sobre la globalización y el mundo que viene) 2002.
El alma de Hegel y las vacas de Wisconsin, Ediciones Siruela 2003.









Seda: la rara avis de Alessandro Baricco



Alessandro Baricco, uno de los más interesantes escritores italianos de los últimos años, teje en Seda, con la levedad de un trazo sobre papel de arroz, una fábula-novela-cuento-nouvelle, casi un haiku, potente pero de extraordinaria dulzura.
por Pablo Calvi

A los 32 años, en una pieza de papel, un folio pequeño doblado en partes, Hervé Joncour encontró el sentido de su vida. Tres ideogramas escritos en una lengua milenaria y por él desconocida lo llevarían una y otra vez hasta la tierra lejana del Japón en busca de un amor... (“Vuelve o moriré”, rezaba el fragmento)… y una fortuna en gusanos de seda.

Corría el año de 1861, aclara al empezar su relato Alessandro Baricco, uno de los más interesantes escritores italianos de los últimos años. Y así, con la levedad de un trazo sobre papel de arroz, inicia su fábula-novela-cuento-nouvelle, Seda, un casi haiku, potente pero de extraordinaria dulzura, cuya factura responde no sólo al laconismo al que se asocia cierto tipo de narración oriental, sino también -y sobre todo- a la confección preciosista de cada detalle. “No existen mujeres blancas en el Japón”, le dirá un traficante de armas inglés al protagonista Joncour durante su segundo viaje a la isla. El blanco y la blancura, sin embargo, son las cualidades primeras de este texto sorprendente. Blanca es la muchacha como de porcelana de quien el francés se enamora hasta la pasión. Blanco es el trozo de papel que Joncour cobija entre sus mapas de Siberia, Mongolia y la estepa, aquel fragmento en el que la niña le declara su amor y lo conmina al regreso so pena de dejarse llevar por la muerte. Negro sobre blanco se leen los ideogramas que Mme. Blanche (blanca, en francés), la prostituta japonesa exiliada en Nîmes, debe traducir para el aventurero.

Hélène (helene o selene llaman los griegos al blanco satélite terrestre), la mujer de Joncour, es su amor de este lado del mundo. Sí, claro, el universo femenino representado por la seda en este Baricco es absolutamente blanco. Claro que Seda no es el único ni el último texto de este formidable narrador nacido en la ciudad de Turín en 1958 y fundador de Holden (http://www.holdenlab.it), una escuela de escritura que honra en su nombre al mítico personaje de El Guardián en el Centeno de J.D. Salinger. Anteriores, su Castelli di rabbia (1991) y la borgeana Oceano mare, de 1993; y posterior, la flamante City -que acaba de publicar Anagrama en Español-, integran junto con textos del romano Daniele Del Giudice (Lo stadio di Wimbledon, Staccando l'ombra da terra y Mania), una parte cualitativamente sustancial de la nueva narrativa italiana.

Posiblemente la primera de las características salientes de este libro, que fuera sensación en Europa a mediados de los 90, sea su concisión. Las 125 páginas de generosa tipografía y pródigas en espacios en blanco, se agotan con facilidad en poco menos de una tarde.
Pero ¿en dónde reside la cualidad diferencial de Seda frente a otros relatos de viaje? (…pues es habitual encontrarla también detrás de estos muros). Posiblemente la primera de las características salientes de este libro, que fuera sensación en Europa a mediados de los 90, sea su concisión. Las 125 páginas de generosa tipografía y pródigas en espacios en blanco (de nuevo, blanco), se agotan con facilidad en poco menos de una tarde. Y esta particularidad le permite a Seda tomar cierta distancia de un género que, desde Marco Polo hasta Kerouak, puebla la biblioteca universal de relatos extensos, detallados y altamente descriptivos.Seda es también una novela de formación -una bildungsroman- en la que se evade sistemáticamente toda mención al proceso de aprendizaje.

Las travesías son, en Seda, apenas pasajes de los que sólo puede inferirse algún tipo de aventura subyacente, potencial. Baricco le confiere a la narración vertiginosa, fulminante, el dominio absoluto de la escena, muy por sobre la descripción de detalle. Los cruces de Europa y Asia se despachan, muchas veces, en cuestión de líneas. Y todo el conocimiento acumulado en esa experiencia se carga sobre los hombros del joven teniente francés con la velocidad de un input de memoria.

“Seis días después, Hervé Joncour se embarcó en Takaoka en un barco de contrabandistas holandeses que lo llevó a Sabirk. De allí remonto de nuevo la frontera china hasta el lago Bajkal, atravesó cuatro mil kilómetros de tierra siberiana, superó los Urales, alcanzó Kiev y en tren recorrió toda Europa, de este a oeste, hasta llegar, después de tres meses de viaje, a Francia”.Tres meses de aventura en apenas ¡64 palabras! Sólo el crecimiento de Joncour como personaje, la multiplicación de sus aristas oscuras, dan la nota de cuánto ha sufrido a lo largo de sus misteriosas travesías, y de cuánto pudo aprender. Entre los viajes que más modelan al joven teniente francés, sin embargo, aparecen aquellos temporalmente más breves (aunque, paradoja mediante, narrativamente más extensos), que lo llevan hasta Nîmes. Allí su traductora ad-hoc, Mme. Blanche, le revela la profundidad del alma femenina en dos cartas de amor (y aquí cala lo epistolar en Seda), dos viajes (¿dos descensos?) al insondable corazón de la mujer.
Sin embargo, y por sobre todas las cosas, Seda es una historia de amor contenida como un veneno poderoso dentro de un libro diminuto, atípico y notable. Baricco logra en ella un mix de géneros, una alquimia delicada entre el relato de viajes y la novela de amor, las historias de formación de carácter y la narración epistolar. Seda es atípica tanto por extensión como por recurso al estilo.
Es una rara avis, un gusano de seda que va tejiendo poco a poco un hilo breve, sutil y a la vez precioso.










Seda (fragmento)

"Permanece así, te quiero mirar, yo te he mirado tanto pero no eras para mí, ahora eres para mí, no te acerques, te lo ruego, quédate como estás, tenemos una noche para nosotros, y quiero mirarte, nunca te había visto así, tu cuerpo para mí, tu piel, cierra los ojos y acaríciate, te lo ruego, no abras los ojos si puedes, y acaríciate, son tan bellas tus manos, las he soñado tanto que ahora las quiero ver, me gusta verlas sobre tu piel, así, sigue, te lo ruego, no abras los ojos, yo estoy aquí, nadie nos puede ver y yo estoy cerca de ti, acaríciate señor amado mío, acaricia tu sexo, te lo ruego despacio, es bella tu mano sobre tu sexo, no te detengas, me gusta mirarla y mirarte, señor amado mío, no abras los ojos, no todavía, no debes tener miedo estoy cerca de ti, ¿me oyes?, estoy aquí, puedo rozarte, y esta seda, ¿la sientes?, es la seda de mi vestido, no abras los ojos y tendrás mi piel, tendrás mis labios, cuando te toque por primera vez será con mis labios, tú no sabrás dónde, en cierto momento sentirás el calor de mis labios, encima, no puedes saber dónde si no abres los ojos, no los abras, sentirás mi boca donde no sabes, de improviso, tal vez sea en tus ojos, apoyaré mi boca sobre los párpados y las cejas, sentirás el calor entrar en tu cabeza, y mis labios en tus ojos, dentro, o tal vez sea sobre tu sexo, apoyaré mis labios allí y los abriré bajando poco a poco, dejaré que tu sexo cierre a medias mi boca, entrando entre mis labios, y empujando mi lengua, mi saliva bajará por tu piel hasta tu mano, mi beso y tu mano, uno dentro de la otra, sobre tu sexo, hasta que al final te bese en el corazón, porque te quiero, morderé la piel que late sobre tu corazón, porque te quiero, y con el corazón entre mis labios tú serás mío, de verdad, con mi boca en tu corazón tú serás mío, para siempre, y si no me crees abre los ojos señor amado mío y mírame, soy yo, quién podrá borrar jamás este instante que pasa, y este mi cuerpo sin más seda, tus manos que lo tocan, tus ojos que lo miran, tus dedos en mi sexo, tu lengua sobre mis labios, tú que resbalas debajo de mí, tomas mis flancos, me levantas, me dejas deslizar sobre tu sexo, despacio, quién podrá borrar esto, tú dentro de mí moviéndote con lentitud, tus manos sobre mi rostro, tus dedos en mi boca, el placer en tus ojos, tu voz, te mueves con lentitud, pero hasta hacerme daño, mi placer, mi voz, mi cuerpo sobre el tuyo, tu espalda que me levanta, tus brazos que no me dejan ir, los golpes dentro de mí, es dulce violencia, veo tus ojos buscar en los míos, quieren saber hasta dónde hacerme daño, hasta donde tú quieras, señor amado mío, no hay fin, no finalizará, ¿lo ves?, nadie podrá cancelar este instante que pasa, para siempre echarás la cabeza hacia atrás, gritando, para siempre cerraré los ojos soltando las lágrimas de mis ojos, mi voz dentro de la tuya, tu violencia teniéndome apretada, ya no hay tiempo para huir ni fuerza para resistir, tenía que ser este instante, y este instante es, créeme, señor amado mío, este instante será, de ahora en adelante, será, hasta el fin."








Tierras de cristal (fragmento)

"Aquellas dos imágenes le habían entrado por los ojos como la instantánea percepción de la felicidad absoluta y sin condiciones. Se las llevaría consigo para siempre. Porque es así como te fastidia la vida. Te pilla cuando todavía tienes el alma adormecida y siembra en su interior una imagen, o un olor, o un sonído que después ya nunca puedes sacarte de encima. Y aquélla era la felicidad. Lo descubres después, cuando ya es demasiado tarde. Y ya eres, para siempre, un exiliado: a miles de kilómetros de aquella imagen, de aquel sonido, de aquel olor. A la deriva. "







Entrevista a Alessandro Baricco realizada por Marta Lobato para el periódico El Mundo sobre su novela "Seda". Publicada en su edición impresa el 15 de junio de 1998.

ROMA.- Su obra enciende pasiones contrapuestas. O se la ama o se la odia. Con Alessandro Baricco, autor de Seda, no caben medias tintas. Crítico musical, apasionado por el cine, filósofo, escritor y periodista, este turinés de 40 años ha cosechado éxitos y reconocimientos por doquier, ya fuera narrativa, teatro o incluso televisión a lo que se dedicara.
Baricco, sin embargo, tiene un no sé qué de esquivo o huidizo -rehúsa contestar a las preguntas más «personales»- y tiende ahora a mantenerse alejado de los reflectores y a rodearse de un cierto anonimato después de que su rostro se hiciera famoso tras su paso por la pequeña pantalla italiana.
Ha conseguido numerosos premios (el Campiello y el Prix Medicis Etranger por su novela Castelli di rabbia, el Viareggio y el Palazzo al Bosco por Oceano Mare, entre otros) por obras en las que una fuerte musicalidad se entremezcla con estructuras cinematográficas para dar sustento a historias aventureras, mágicas y llenas de poesía. En España acaba de ponerse a la venta la primera novela que escribió, Tierras de cristal (Anagrama).


Pregunta.- Seda ha estado durante más de 30 semanas en la lista de los 10 libros más vendidos en España, donde se han vendido unos 60.000 ejemplares. En Italia logró cifras altísimas y en Francia se vendieron 200.000 ejemplares. ¿Cómo explica el éxito del libro en tantos países, tan distintos además por sensibilidad e intereses?Respuesta.- Son distintos, pero en definitiva son países europeos. Y Seda es una historia antes de ser un libro. Es, sobre todo, una historia. Y a las historias les resbalan las fronteras.
P.- Seda fue presentado en Italia hace unos años en un teatro de la capital, donde una actriz leyó en voz alta el texto desde la primera hasta la última página. ¿Por qué se le ocurrió dar a conocer el libro de ese modo?R.- Porque me aburren demasiado las presentaciones tradicionales. Y se aburren bastante también los demás.
P.- ¿Cómo nació Seda?R.- Un día, un amigo mío me contó que un antepasado suyo tenía un oficio algo raro. Partía una vez al año, atravesaba el mundo, meses después llegaba a Japón, compraba huevos de gusanos de seda y, luego, regresaba a Italia y los vendía. El resto del año descansaba. Estábamos esquiando cuando me contó esta historia. Me detuve, me quité los esquíes y empecé a pensar y a darle vueltas, y no dejé de hacerlo hasta que no escribí la última página.
P.- La novela cuenta una historia de sentimientos, pero casi sin hablar de ellos, sin describirlos. ¿Fue difícil?R.- Fue un desafío. Quería contar esta historia contando los gestos y no los pensamientos. Sólo gestos. Me parecía el único modo posible de contar una historia como ésta. Fue difícil imaginar un libro de este tipo y decidir hacerlo. Después, escribirlo fue difícil, como siempre es difícil escribir, ni más ni menos.
P.- Seda está ambientada en 1861, Oceano Mare en un momento sin precisar «hace muchos años», Novecento a principios de siglo. ¿No le interesa contar historias actuales?R.- Yo cuento historias de hoy. Es una ilusión óptica la que hace que parezcan ambientadas en otras épocas.
P.- ¿Qué autores le han influido más?R.- Sin un orden preciso, Céline, Salinger, McEnroe, Stanley Kubrick, Walt Disney, Liberatore...
P.- Usted ha creado en Turín una escuela para enseñar a escribir. ¿Cree que no se nace escritor, sino que se hace?R.- Se trata de una escuela que enseña a narrar y no sólo a escribir. También hacemos cine, teatro, publicidad, periodismo, y todo lo que es narración. Creo que se puede dar a los chicos una formación particular que los haga capaces de narrar con mayor conciencia y un patrimonio de referencias muy rico. Creo que esto se puede hacer. Y hacerlos salir de su soledad, obligarlos a entender si tienen talento o no. Son cosas que sólo una escuela puede hacer.
P.- Hace unos años, usted escribió un monólogo teatral sobre un extraordinario pianista que pasaba toda su vida a bordo del transatlántico donde había nacido, sin bajar nunca a tierra. Titulado Novecento, el libro acaba de ser llevado a la pantalla grande de la mano de Giuseppe Tornatore. ¿Ha colaborado con el director en la adaptación cinematográfica?R.- Pasé un tiempo hablando con él, para entender lo que tenía en la cabeza. El me escuchó un poco, y yo lo escuché a él. A partir de ahí, él siguió su camino. Creo que ésta es una buena manera de plantear las cosas. Y espero que al final salga una buena película.
P.- ¿Ha visto la película?R.- No. Lo único que he visto es un salvavidas del Virginian [el nombre del trasatlántico]. Me lo regaló Tornatore cuando terminó de rodar.
«"Seda" es un desafío: he contado los gestos, no los pensamientos» «La historia de Seda me la contó un amigo mientras estábamos esquiando y no paré de darle vueltas hasta que escribí la última página del libro». «Céline, Salinger, Stanley Kubrick, Walt Disney... son quienes me han influido»

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